José de Espronceda
José de Espronceda: el romántico rebelde, el rebelde romántico
"Yo quiero amor, quiero gloria,
quiero un deleite divino,
como en mi mente imagino,
como en el mundo no hay;
y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray."
Los románticos concebían la literatura como la expresión más libre y auténtica de los sentimientos personales, de ahí que todos los autores se reflejen muy fielmente en sus obras. Y así, Espronceda, que cantó a personajes individualistas, inconformistas y rebeldes como el pirata, el cosaco o el reo muerte, y se rebeló contra el mundo en la protesta airada de El diablo mundo, y cantó a elevados ideales representados por el sol en su Himno al sol, llevó una vida agitada y apasionada marcada por dos motivos tremendamente románticos: el amor (apasionado, tormentoso y con mucho de clandestino), y la lucha por unas ideas liberales progresistas y radicales, que le provocaron persecuciones, clandestinidad y destierros, y que defendió con las armas, la política y la palabra hasta que murió, joven, como casi todos los grandes románticos.
José de Espronceda nació un 25 de marzo, en 1808 (el mismo año de la invasión napoleónica de la península), en Almendralejo (Badajoz) y en el seno de una familia de raigambre militar. Sus padres le pusieron el larguísimo nombre de José Ignacio Javier Oriol Encarnación, y con ellos se pasó los primeros años de su vida viajando por España, azuzados por la inestabilidad de la situación de guerra. En Madrid, estudió en la escuela regentada por uno de los principales prerrománticos, Alberto Lista y ya con quince años empezó su gusto por la lucha activa contra el poder que él consideraba injusto, incluso desde la clandestinidad, ya que entró a formar parte de una sociedad secreta liberal, "Los Numantinos", que conspiraba contra el férreo absolutismo y la represión impuesta por Fernando VII. Esto le supondrá, al ser descubierto, su primer destierro de Madrid en un convento de Guadalajara..
Con dieciocho años, llevado por sus ansias "de ver mundo" y tal vez por sentirse vigilado en España, se va a Portugal, y allí, en Lisboa, conoce a la hija de un general liberal exiliado que será el gran amor de su vida: Teresa Mancha. De Lisboa será expulsado a Londres, adonde pocos meses después llegará también Teresa acompañando a su familia. Aquí además entrará en contacto con el Romanticismo inglés, influencia muy importante en su poesía.
Considerado ya por las autoridades (por todas) como un "revolucionario liberal", se va a París en 1829. Espronceda participó aquí en los movimientos revolucionarios liberales de 1830 que tomaron las calles en forma de barricadas, y acompañando a otros liberales españoles, regresa a España en una expedición también revolucionaria que se vio violentamente reprimida, lo que le hace volver a Francia. En 1831 regresa a Londres, donde se reencuentra con Teresa, a la que su padre había obligado a casarse por razones económicas con un rico comerciante, con el que tiene dos hijos. Espronceda y Teresa planean la fuga: ella tenía que ir a París con su marido, y su amante va allí a esperarla. La noche del 15 de octubre, Teresa abandona el hotel en que se hospedaba con su familia y se fuga con Espronceda (o Espronceda "la rapta", como se decía en la época), abandonando a su marido y a sus dos hijos. Juntos se instalan en París en lo que será su etapa más feliz como pareja.
A la muerte de Fernando VII, en 1833, regresa a España. Teresa le sigue pocos días después. Viven juntos en Madrid y tienen una hija, Blanca. Ingresa en la Guardia Real, pero, sospechoso por su liberalismo radical, es desterrado nuevamente a Cuéllar. En esta época empieza su actividad periodística, colaborando con publicaciones de la época y haciéndose muy conocidas sus ideas liberales radicales y republicanas. Tras la segunda guerra carlista, se verá nuevamente desterrado, esta vez a Badajoz, por un gobierno liberal pero cada vez más moderado. Su abierta oposición política a los sucesivos gobiernos le condenan a una vida clandestina en Madrid, en casas de amigos. En sus artículos queda clara su ideología liberal progresista, que defiende mejoras sociales para el campesinado, anima a la lucha contra la opresión y la tiranía, y critica los intereses financieros de muchas medidas tomadas por el poder.
En 1836, Teresa, con la que ya mantenía una relación tormentosa debido sobre todo a las frecuentes ausencias de él, causadas por su intensa y agitada actividad política, le abandona, dejándole a su única hija, Blanca, para pasar a llevar una vida que fuentes de la época calificarían de "casquivana". El abandono, por supuesto, supuso un amargo trago para el poeta..
También en 1836 y al igual que Larra, Espronceda fue elegido diputado en unas elecciones que son finalmente anuladas. En 1837 vuelve a presentarse, pero, al no ser elegido, se lanza de nuevo a la lucha subversiva. En septiembre muere su gran amor, Teresa Mancha, de tuberculosis: un duro golpe que le llevó a escribir su dolorido, intenso e impresionante Canto a Teresa, incluido en El Diablo mundo, largo poema inconcluso. Dicen que Espronceda pasó una noche entera asido a los barrotes de la ventana de la casa donde murió Teresa, contemplando desde la calle el cadáver de la que fue el amor de su vida, que tuvo un entierro de caridad. La joven no tenía ni veintiocho años.
También en 1836 y al igual que Larra, Espronceda fue elegido diputado en unas elecciones que son finalmente anuladas. En 1837 vuelve a presentarse, pero, al no ser elegido, se lanza de nuevo a la lucha subversiva. En septiembre muere su gran amor, Teresa Mancha, de tuberculosis: un duro golpe que le llevó a escribir su dolorido, intenso e impresionante Canto a Teresa, incluido en El Diablo mundo, largo poema inconcluso. Dicen que Espronceda pasó una noche entera asido a los barrotes de la ventana de la casa donde murió Teresa, contemplando desde la calle el cadáver de la que fue el amor de su vida, que tuvo un entierro de caridad. La joven no tenía ni veintiocho años.
En 1838 se une al movimiento progresista del general Espartero y recorre Andalucía. En 1841 es destinado a los Países Bajos, en donde permanecerá hasta marzo de 1842, cuando es elegido, por fin, diputado por Almería. Pero sólo permanecerá dos meses en el cargo, ya que muere el 23 de mayo, a los 34 años, víctima de la difteria.
LA CANCIÓN DEL PIRATA
José de Espronceda
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Tras su lectura, se llevarán a cabo unas actividades de carácter comprensivo, expresivo y de aplicación de contenidos.
- ¿Cómo presenta el poeta el carácter del capitán pirata?
- ¿Qué valores pone de manifiesto el estribillo 'Que es mi barco mi tesoro...'?
- ¿Qué dice el pirata acerca de los reyes (versos 35-40)?
- ¿Cómo reacciona el pirata ante la muerte?
- ¿Cómo puedes relacionar este poema con el Romanticismo?
2ª Actividad. Actividad de desarrollo y motivación. Sombras en Salamanca.
A partir de un teatro de sombras que cuenta la historia de El estudiante de Salamanca de José de Espronceda, los alumnos deberán indicar cuáles son los rasgos característicos de la poesía romántica y cuáles son las virtudes del héroe romántico.
3ª Actividad. Actividad de motivación, desarrollo y repaso. Canto a Teresa.
Tras escuchar la audición de un fragmento de la obra El diablo mundo de José de Espronceda, en concreto, parte de el Canto a Teresa, los alumnos deberán responder a las siguientes preguntas:
¿Quién pensara jamás, Teresa mía,
Que fuera eterno manantial de llanto,
Tanto inocente amor, tanta alegría,
Tantas delicias y delirio tanto?
¿Quién pensara jamás llegase un día
En que perdido el celestial encanto
Y caída la venda de los ojos,
Cuanto diera placer causara enojos?
Aun parece, Teresa, que te veo
Aerea como dorada mariposa,
Ensueño delicioso del deseo,
Sobre tallo gentil temprana rosa,
Del amor venturoso devaneo,
Angélica, purísima y dichosa,
Y oigo tu voz dulcísima, y respiro
Tu aliento perfumado en tu suspiro.
Y aun miro aquellos ojos que robaron
A los cielos su azul, y las rosadas
Tintas sobre la nieve, que envidiaron
Las de Mayo serenas alboradas:
Y aquellas horas dulces que pasaron
Tan breves, ¡ay! como después lloradas,
Horas de confianza y de delicias,
De abandono y de amor y de caricias.
Que así las horas rápidas pasaban,
Y pasaba a la par nuestra ventura;
Y nunca nuestras ansias las contaban,
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura.
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
Llanto tal vez vertiendo de ternura;
Que nuestro amor y juventud veían,
Y temblaban las horas que vendrían.
Y llegaron en fin. . . ¡Oh! ¿quién impío
¡Ay! agostó la flor de tu pureza?
Tú fuiste un tiempo cristalino río,
Manantial de purísima limpieza;
Después torrente de color sombrío,
Rompiendo entre peñascos y maleza,
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,
Entre fétido fango detenidas.
- En el Canto a Teresa se observan dos momentos muy diferentes, ¿cuáles son? Razona tu respuesta.
- De los dos poemas que hemos trabajado en clase (La Canción del pirata y Canto a Teresa), cuál de los dos poemas es más intimista. Justifica tu respuesta.


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